miércoles, 22 de febrero de 2012

Ídem-

¿Y si tuviéramos mas tiempo? Pensó mientras encendía un cigarrillo arrimado a la ventana de su cocina. La tarde caía ruidosa, pero se veía especialmente bonita desde su ventana. O si el tiempo no nos hiciera cambiar de parecer a otro tiempo, no nos hiciera lastimarnos como hacemos todo el tiempo, no nos hiciera alejarnos hasta dejarnos sin tiempo. Y sin lugar. Y sin nosotros (¿nosotros? -ver-) y sin puestas de sol tan bonitas como la de aquella tarde. Uno, dos, tres, cuatro, ... , cinco colores podría distinguir. Las fotos, recordó. Nosotros, se dijo a sí mismo, casi creyendo en ella. Enteros. Concisos. Completosconcomplementocompleto. ¿Y si tuvíeramos mas tiempo? Anotó en su mente. Maldito atormentador de corazones rojos, de rojos esmerilados, de vidrios esmerilados, de frágiles. De corazones rojos, de vidrios esmerilados en almas frágiles. Mio. Tuyo. Dueño y responsable de vidas, y sueños, y promesas, y rezos, y plegarias. Y tristezas, y lágrimas escondidas en almohadas, y suicidios, y cartas nunca escritas, y palabras perdidas, y besos guardados para Nadie, y mas lágrimas en plazas, y bosques sin verde. Y claro está, gente que queda libre, o piedra libre al que pierde vuelos, o vuela hacia el lugar incorrecto ( o correctoincorrecto), el asiento, la línea, y el Otro, o el Nadie, o el Todo, que en fin, se resume y varía en uno, no mismo, pero lo que conocemos, dos manos, dos piernas, una boca, tangible, y del resto, hoy no estamos en condiciones. Llamémoslo Ídem, persona Ídem. Muchas palabras para un solo cigarrillo se dijo a si mismo, mientras se acercaba al celular que marcaba quince minutos de retrato, para variar, si quería llegar a horario a la parada. Y todo, deriva en un único responsable que prevalece en sí mismo, y vive, y crece, y controla, y no muere eh. Sino que va a vivir quien sabe, en algún sobrino, o nieto, hijo, o amigo o quienseaqueandeperdido, en busca de alguna razón de ser, o probablemente, en un lapso de extrañamiento de algún alma que sin excusas se tornó lejana. Ahí aparece, dícese casualidad, o causalidad, quién sabe, escondido en algún rincón del cajón: una maya que varía + una pila + dos agujitas, una corta, incapaz de moverse con velocidad si lo deseamos, y una un poco mas larga capaz de crear demencias y tormentos a espíritus inestables + un vidrio (no esmerilado, o tal vez si, quiensabe) encargado de protegerse de torpesas. Casi tan completo como un cuerpo, casi tan real como tomarse de las manos, en una lucha de poderes con el sol, explosiva como la bomba mas sofisticada y jamás construida, pero cabe en la palma de mi mano. Tic-tactic-tac.

2 comentarios:

Erev dijo...

Me encanta.
Como siempre.
Como todo lo que escribes.

Paula Cruz dijo...

Me gustó mucho, gracias por compartirlo.